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La maternidad y la autoestima, un vínculo invisible pero poderoso
Desde que te convertiste en madre, ¿cuántas veces te has preguntado si lo estás haciendo bien? La maternidad es un viaje lleno de amor y conexión, pero también de dudas, autoexigencia y, muchas veces, culpa. Nadie te advierte cuánto puede afectar a tu autoestima esta nueva etapa, ni lo fácil que es olvidarte de ti misma mientras cuidas de tu bebé.
Vivimos en un mundo que idealiza la maternidad. En redes sociales, en conversaciones con otras madres, incluso en comentarios bienintencionados de la familia, parece que ser una «buena madre» significa entregarse por completo, olvidando tus propias necesidades. Te exigen estar siempre disponible, siempre feliz, siempre en control. Pero esa presión constante no solo es agotadora, sino que también puede hacerte sentir insuficiente, como si nunca estuvieras a la altura.
Y a todo esto se suman los cambios en tu cuerpo, el cansancio extremo y la falta de tiempo para ti. Tal vez te miras al espejo y no te reconoces, o sientes que has perdido parte de quién eras antes. Quizás te cuesta recordar cuándo fue la última vez que hiciste algo solo para ti, sin sentir culpa. Esta sensación de desconexión es real, pero pocas veces se habla de ella sin juicios.
Por eso, aprender cómo fortalecer tu autoestima en esta etapa es clave. No se trata de ser una madre perfecta, porque esa madre no existe. Se trata de ser una madre que se cuida, que se habla con cariño, que se permite equivocarse y que reconoce todo lo que hace cada día. Porque cuando tú te sientes bien contigo misma, tu bebé también lo siente.
En este artículo, vamos a hablar de herramientas concretas para que vuelvas a conectar contigo, te mires con más amor y aprendas a soltar la culpa. Porque tú también importas.
La autoexigencia extrema y la culpa materna
Desde que te convertiste en madre, es posible que sientas una presión constante por hacerlo todo bien. Quieres ser la mejor versión de ti para tu bebé, pero a veces parece que nunca es suficiente. Te comparas con otras madres, con lo que ves en redes sociales, con los consejos de familiares y amigos… y terminas sintiéndote culpable por no estar a la altura de esa imagen ideal de la madre perfecta.
Pero déjame decirte algo: esa madre perfecta no existe.
Lo que sí existe es la fatiga de exigirte demasiado, de cuestionarte cada decisión y de sentirte en deuda contigo misma y con tu hijo. Tal vez te dices cosas como «debería estar disfrutando más», «no soy lo suficientemente paciente», o «otras madres parecen manejarlo mejor». Y cuanto más intentas ser impecable, más crece la sensación de que podrías estar haciendo algo mal.
Lo que no ves en redes son las noches sin dormir, los momentos de duda, las lágrimas escondidas en el baño. La maternidad es hermosa, sí, pero también es desafiante, y nadie nace sabiendo cómo hacerlo todo bien.
Herramienta: Aprende a reconocer tus logros y a normalizar los errores
En lugar de enfocarte en lo que crees que no hiciste bien, empieza a reconocer todo lo que sí haces cada día. Quizás hoy lograste calmar a tu bebé, quizás encontraste un momento para respirar, o simplemente estuviste ahí, haciendo lo mejor que pudiste. Eso ya es suficiente.
Te propongo un ejercicio: cada noche, antes de dormir, piensa en tres cosas que hiciste bien en el día. Pueden ser pequeñas, no importa. Escríbelas si puedes. Esto te ayudará a ver lo valiosa que eres y todo lo que das, aunque a veces no lo notes.
También, permítete cometer errores. No hay una sola madre en el mundo que no haya dudado, que no se haya sentido abrumada o que no haya querido un momento de descanso. No necesitas ser perfecta, solo necesitas ser suficientemente buena para tu hijo… y para ti misma.
Recuerda: tu bienestar también importa. Afloja la autoexigencia, deja de compararte y empieza a tratarte con la misma ternura con la que tratas a tu bebé. Porque sí, tú también mereces cuidado y amor.
Cambios en el cuerpo y en la identidad: volver a reconocerte en el espejo y en tu vida
Mírate con amor, mamá. Tu cuerpo ha cambiado, tu rutina ya no es la misma y, en muchos momentos, sientes que has dejado de ser tú para convertirte solo en mamá. Es un sentimiento difícil de explicar, pero está ahí. Miras fotos antiguas y te preguntas si volverás a sentirte como antes. Te pruebas ropa que antes te hacía sentir bien y ahora no te reconoces en el reflejo. O tal vez no se trata solo de lo físico, sino de la sensación de haber perdido algo de ti misma en este proceso.
La maternidad transforma. Tu cuerpo ha hecho algo extraordinario, pero la sociedad insiste en hacerte creer que deberías «recuperarlo» lo antes posible. Como si ser madre fuera solo un paréntesis y tu única meta fuera volver a lo que eras antes. Pero no tienes que recuperar nada. No perdiste tu cuerpo, ni tu esencia. Lo que pasa es que necesitas tiempo para redescubrirte, para integrar esta nueva versión de ti misma en la que sigues siendo mujer, persona y dueña de tu propio espacio.
Es normal que, en medio de la crianza, sientas que solo existes para cuidar a tu bebé. Que tus deseos, tus pasiones o incluso tu propio descanso pasen a un segundo plano. Y es normal también que esto te genere una sensación de desconexión con tu cuerpo, con tu identidad y con la mujer que eras antes de convertirte en madre. Pero quiero recordarte algo importante: sigues siendo tú. No has desaparecido, solo estás en un proceso de cambio.
Herramienta: Técnicas de autocompasión y reconexión con tu cuerpo
💛 Habla contigo con el mismo amor con el que hablas a tu bebé. Si notas que te criticas por cómo ha cambiado tu cuerpo o por sentirte diferente, detente un momento y pregúntate: ¿Le hablaría así a mi hija/o si estuviera en mi lugar? Mereces la misma ternura que das a los demás.
🌿 Crea pequeños rituales para volver a sentirte en casa en tu propio cuerpo. Un masaje con crema después de la ducha, respirar profundamente mientras te tocas el vientre con suavidad, moverte sin presión (bailar, caminar, estirarte)… pequeñas acciones que te ayuden a reconectar contigo.
🪞 Obsérvate con gratitud, no con juicio. En lugar de mirar tu cuerpo con críticas, intenta agradecerle lo que ha hecho por ti. Frente al espejo, en lugar de pensar “qué diferente me veo”, di: “mi cuerpo ha sido un hogar, ha dado vida, me sostiene cada día”. La forma en que te hablas cambia tu relación contigo misma.
⏳ Date permiso para redescubrirte. No tienes que ser la misma de antes, pero tampoco tienes que perderte en el rol de madre. Busca espacios donde puedas reconectar con lo que te hace sentir bien, con lo que te hace sonreír fuera de la maternidad.
Porque ser madre no significa dejar de ser tú. Mereces habitar tu cuerpo con amor y reconocer en él la historia de todo lo que eres.
Falta de tiempo para el autocuidado: cuando sentirte bien pasa a segundo plano
¿Cuántas veces has querido tomarte un respiro, pero la culpa te ha susurrado al oído que primero está tu bebé, la casa, el trabajo o cualquier otra cosa antes que tú? Tal vez ni siquiera recuerdas la última vez que hiciste algo solo para ti sin sentir que estabas restándole tiempo a alguien más. Y aunque sabes que deberías cuidarte, hay días en los que apenas puedes con todo lo demás.
La maternidad es un acto de entrega constante, pero eso no significa que tengas que desaparecer en el proceso. Muchas madres viven en un estado de agotamiento físico y mental tan intenso que terminan funcionando en modo supervivencia: el día pasa, la rutina sigue, las demandas no cesan… y tú, en algún rincón de esa ecuación, te quedas para después.
Pero quiero decirte algo: cuidarte no es egoísta, es necesario. No es un lujo, es una parte fundamental de poder estar presente para tu bebé sin sentirte drenada. Cuando tú estás bien, tu hijo también lo siente. Cuando tú te permites descansar, cargar energías y hacer cosas que te nutren, le enseñas con el ejemplo que el autocuidado es parte del amor propio.
Herramienta: Estrategias prácticas para integrar el autocuidado sin culpa
⏳ Pequeños momentos, gran impacto. Si esperas a tener horas libres para cuidarte, es probable que nunca suceda. En cambio, encuentra micro-momentos en tu día: cinco minutos para tomar un té sin interrupciones, diez minutos para estirarte, tres minutos para respirar profundamente. No necesitas mucho tiempo, solo constancia.
❌ Cambia la culpa por permiso. En lugar de pensar «le estoy quitando tiempo a mi bebé», repite: «merezco este espacio para estar bien». Cuanto más practiques darte permiso, menos culpa sentirás.
📅 Haz del autocuidado una cita inamovible. Así como organizas el día para cumplir con las necesidades de tu bebé, incluye tus propios momentos de cuidado en la agenda. Una ducha sin prisas, una llamada con una amiga, salir a caminar… agéndalo como una prioridad, porque lo es.
👐 Pide y acepta ayuda. No tienes que hacerlo todo sola. Delegar, pedir apoyo o aceptar ayuda no significa que seas menos capaz, significa que también te cuidas a ti misma.
💛 Recuerda quién eres más allá de la maternidad. Conéctate con lo que te hace bien: leer, escribir, escuchar música, practicar un hobby… Lo que sea que te haga sentir tú más allá del rol de madre.
Cuidarte no es un acto de egoísmo, es un acto de amor. Cuando tú te priorizas, también estás enseñándole a tu hijo que el bienestar importa. Y sí, tú también importas.
El miedo a no ser suficiente para tu bebé
A veces te preguntas si lo estás haciendo bien. ¿Y si te equivocas? ¿Y si no estás dándole lo que necesita? La maternidad llega sin manual de instrucciones, pero con una cantidad infinita de dudas que pueden hacerte sentir insegura.
Cada día tomas decisiones: ¿Lo cojo en brazos o lo dejo llorar? ¿Estoy alimentándolo bien? ¿Debo seguir mi instinto o escuchar los consejos de los demás? Y con cada decisión, la presión aumenta. Siempre hay alguien con una opinión diferente: familiares, amigos, redes sociales… Y aunque la intención sea buena, tantas voces externas pueden hacerte dudar aún más.
Tal vez también sientes que deberías saberlo todo, que el instinto materno debería guiarte sin fallos. Pero la realidad es que nadie nace sabiendo ser madre. Aprendes sobre la marcha, con errores y aciertos, con momentos de certeza y otros de total confusión. Y eso está bien.
Por si fuera poco, muchas madres sienten que están en esto solas. La falta de una tribu de apoyo hace que el peso de la maternidad sea aún más grande. Puede que a veces sientas que necesitas hablar con alguien que realmente entienda lo que estás viviendo, pero no siempre encuentras ese espacio.
Pero aquí está la verdad: tu amor y tu entrega ya te hacen suficiente. No necesitas ser perfecta, solo necesitas estar presente. Tu bebé no necesita una madre que lo sepa todo, necesita una madre que lo ame, que lo cuide y que haga lo mejor que puede con las herramientas que tiene.
Herramienta: Construir una red de apoyo y confiar en tu intuición
👩👩👧 Rodéate de personas que te sumen. No tienes que hacerlo todo sola. Busca una tribu que te acompañe: otras madres que te entiendan, amigas que te escuchen sin juzgar, profesionales que te apoyen en lo que necesites.
🧘 Aprende a filtrar consejos. No todo lo que te dicen es aplicable a tu realidad. Escucha, pero quédate solo con lo que resuene contigo. Si un consejo te genera ansiedad o dudas en lugar de seguridad, tal vez no es el adecuado para ti.
💛 Confía en tu instinto. Nadie conoce a tu bebé como tú. Si sientes que algo es lo correcto, confía en esa sensación. No necesitas la aprobación de los demás para criar a tu hijo desde el amor y la conexión.
🗣️ Habla sobre tus miedos. No te los guardes. A veces, decir en voz alta «me preocupa no estar haciéndolo bien» te ayuda a darte cuenta de que no estás sola y que muchas madres sienten lo mismo.
La maternidad está llena de incertidumbre, pero si hay algo seguro, es que tú eres la mejor madre que tu bebé podría tener. No porque lo hagas todo perfecto, sino porque lo amas y estás ahí para él. Y eso, mamá, es más que suficiente.
El impacto en la relación de pareja y el rol de madre
Nadie te prepara para cómo la maternidad cambia tu relación de pareja. Antes eran solo dos, con tiempo para compartir, conectar y disfrutar del uno al otro. Ahora, el centro de todo es tu bebé, y puede que sientas que tú y tu pareja han pasado a un segundo plano.
Tal vez te preguntas: ¿Cuándo fue la última vez que tuvimos una conversación que no fuera sobre pañales, horarios o pendientes? O quizás sientes que la intimidad ha cambiado, que tu deseo sexual ya no es el mismo, y eso te hace cuestionarte a ti misma. Es un tema del que pocas veces se habla sin culpa, pero la realidad es que la maternidad transforma la forma en que te relacionas con tu cuerpo y con tu pareja.
Además, está la carga mental. Esa lista infinita de cosas que solo tú pareces llevar en la cabeza: citas médicas, compras, rutinas del bebé, imprevistos… y aunque puede que tu pareja ayude, muchas veces sientes que el peso más grande cae sobre ti. Esto puede generar frustración, distanciamiento e incluso resentimiento.
Y es normal. Es normal que la dinámica de pareja cambie, que haya momentos de desconexión y que necesites un reajuste. Pero lo que no es normal (ni justo) es que cargues con todo sola o que te sientas invisible dentro de tu propia relación.
Herramienta: Comunicación efectiva y límites en la pareja
🗣️ Habla desde el «yo», no desde el reproche. En lugar de decir “tú nunca me ayudas”, prueba con “me siento sobrecargada y necesito más apoyo”. Esto abre la puerta al diálogo sin poner a la otra persona a la defensiva.
💌 No des por sentado que el otro sabe lo que necesitas. Tu pareja no puede leer tu mente. Expresa tus emociones, tus necesidades y tus límites de forma clara.
📅 Espacios para la pareja, sin culpa. No necesitas grandes planes ni cenas románticas perfectas. Tal vez solo diez minutos de conversación sin interrupciones, ver una serie juntos o un abrazo largo antes de dormir. Lo importante es no perderse en el camino.
❤️ Intimidad sin presión. El deseo cambia y fluctúa. En lugar de presionarte por volver a la normalidad, date tiempo para reconectar con tu cuerpo sin exigencias. La intimidad no es solo sexo; es contacto, complicidad y pequeños gestos de cariño.
⚖️ Equilibrio en la carga mental. Divide responsabilidades de forma clara. No es solo «ayudar», es corresponsabilidad. La maternidad es un trabajo en equipo, y tú no tienes que ser la única que lo lleva todo en la cabeza.
La relación de pareja evoluciona con la maternidad, y eso no tiene por qué ser algo negativo. Es una oportunidad para aprender a comunicarse mejor, para apoyarse y para recordar que, antes de ser padres, siguen siendo dos personas que se eligieron y que merecen espacio para seguir creciendo juntas.
Conclusión: La maternidad como una oportunidad para fortalecer la autoestima
Ser madre es un viaje lleno de retos, pero también de crecimiento. En este camino, es fácil olvidarte de ti misma, dudar de tu capacidad y sentirte exigida desde todas partes. Sin embargo, cada desafío es también una oportunidad: una oportunidad para aprender a tratarte con más amor, a confiar en ti y a fortalecer tu autoestima.
Cuidarte no es un acto egoísta, es un acto de amor. Cuando te valoras, cuando te hablas con compasión y cuando te das permiso para equivocarte, no solo te beneficias tú, sino también tu bebé. Una madre que se siente bien consigo misma transmite seguridad, amor y equilibrio a su hijo. Le enseña con el ejemplo que el autocuidado y el respeto propio son esenciales.
Si en este momento sientes que la culpa, la autoexigencia o la falta de tiempo están afectando tu bienestar, haz una pausa. Escúchate. Pregúntate qué necesitas y date permiso para buscar apoyo si lo sientes necesario. Acompañarte en este proceso puede marcar una gran diferencia en cómo vives tu maternidad.
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Recuerda: tú también importas. La maternidad no tiene que ser una entrega incondicional que te deje vacía. Es un camino de amor y crecimiento, y en ese proceso, tú mereces el mismo cuidado y cariño que das a los demás.